Retrato de un hombre sonriendo junto a un gato atigrado de color claro, sentado sobre un fondo de manta colorida.
Servidor con mi gata en pose semidesnuda pero no se le ve ninguna parte íntima.

Queridas personas humanas que me seguís:

Escribo estas líneas con la serenidad que da el saber que la palabra, cuando es honesta, siempre encuentra su camino, pero también con el asombro de quien se descubre protagonista de una farsa digna de Valle-Inclán.

Muchos habéis notado que mi actividad en mi perfil habitual de Facebook se ha visto limitada, censurada y, finalmente, silenciada. La razón es tan absurda como kafkiana: la incapacidad de una Inteligencia Artificial para distinguir entre la creación literaria y lo que ellos consideran «peligro público».

Como escritor y locutor, me veo en la obligación de compartir con vosotros las etiquetas que el algoritmo de Meta ha colgado sobre mi espalda. Resulta casi cómico, si no fuera un atentado contra la libertad de expresión, que se me acuse formalmente de:

  • Fomento del Suicidio y las Autolesiones: Por textos donde reflexiono sobre el alma humana y el extremo final del proceso de nacimiento, crecimiento y maduración. Una reflexión existencial que la máquina, en su infinita frialdad, ha confundido con un manual de riesgos. Hablando en plata, me apareció un anuncio de una dieta para gordos (ya el anuncio ofende) en la que no podía comer nada de sabor bueno. Así que comenté por impulso: ‘Mejor morirse’. Dicho y hecho. Sonaron las alarmas porque cientos de personas gordas se suicidarían por mi comentario. Ya hablé de eso aquí
  • Tráfico de Armas: Por la portada de mi propio libro ‘Aquella mili’ donde un soldado rinde honores. Sí, habéis leído bien: según Silicon Valley, soy un mercader de artillería por honrar nuestra historia y nuestras letras. Bueno, se supone que soy Cabo Primero de Artillería Antiaérea en la reserva, pero mi reserva está más picá que un sherry avinagrao de Jerez.
  • Contenido de Desnudos y Exhibicionismo: Y aquí llega el remate del esperpento. Se me ha llegado a censurar la foto de mi gata por incumplir las normas sobre desnudez. ¡Mi gata! Me niego en redondo, por una cuestión de dignidad felina y respeto a la naturaleza, a tener que ponerle un traje de flamenca o un abrigo de piel a mi mascota para que la castración mental de un algoritmo no se escandalice.

Si una máquina no sabe distinguir entre el lomo de un animal y un desnudo, ni entre una elegía y una infracción, ¿cómo va a custodiar nuestra libertad de pensamiento? Una máquina no puede ser el editor de un alma humana.

Por todo esto, inicio hoy una mudanza estratégica hacia la libertad:

  1. Este Blog será, a partir de ahora, mi único y verdadero cuartel general. Aquí las palabras vuelan libres, sin bozales ni censuras robóticas.
  2. Mi firma y mi voz se mudan a un nuevo espacio digital construido desde cero, bajo el nombre de «El blog de Alfonso Saborido», donde seguiremos compartiendo mis programas de radio, mis historias y nuestra pasión por las humanidades sin filtros externos.

No es una retirada, es un paso al frente. Os invito a acompañarme en esta nueva etapa donde los libros no son armas, los gatos no necesitan vestirse y las personas aún podemos hablar de la vida y de la muerte sin que un robot nos mande callar.

Nos vemos en El blog de Alfonso Saborido y en las redes sociales que aún sigo vivo.

También os digo que habrá pronto más novedades. Me voy a enfrentar a Meta. David contra Goliat. Ganó David. Recuerden.

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Alfonso Saborido Escritor y Locutor

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por admin

Un comentario en «El esperpento del algoritmo de Facebook»

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